jueves, 30 de abril de 2015

El Banquete



            Agustín Cuore decía que un libro en un estante no es más que un cúmulo de hojas unidas por vaya a saber uno que misterioso pegamento; “sólo es literatura cuando se lo lee”[1]. Con este pensamiento rondando su cabeza se dirigió hasta su biblioteca para buscar un maravilloso libro. Entre tantos lomos reconoció uno color verde que decía: “El Banquete”. Lo tomó entre sus manos, se ubicó en su escritorio personal, y comenzó a leerlo. Y como suele pasarle a todo buen lector se compenetró con la obra. Parecía estar sintiendo la voz de aquellos personajes y cada tanto cerraba los ojos para ilustrarse mejor la escena. Pero de tanto cerrarlos llegó un momento en que no los volvió a abrir: se quedó totalmente dormido. Y tuvo un sueño:

            Era 21 de Septiembre del 2000 y para festejar el día de la primavera se había realizado un Banquete en Buenos Aires. El lugar de reunión fue la casa de Agatón y concurrieron Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes, Sócrates y Agustinóstenes. Por ser el día de la primavera se propuso como tema homenajear al Amor. De esta manera cada uno de los invitados, a su turno, debía improvisar un discurso de alabanza al amor...
Sócrates había finalizado su discurso y Aristófanes se disponía a oponerle algunas objeciones. Pero en ese mismo instante se oyó una voz que provenía del exterior de la casa. La voz era indudablemente de Alcibíades, y al parecer venía con una borrachera que no le permitía mantenerse en pie. Estaba dispuesto a entrar pero Agatón dijo: -Sirvientes, no lo dejen pasar. Antes quisiera escuchar el elogio al Amor que va a realizar nuestro amigo Agustinóstenes.
            Ante semejante expectativa sólo atiné a carraspear, aclararme la voz y comenzar con mi discurso: Amigos -les dije- les pido sepan disculpar mis torpezas intelectuales y sepan captar el mensaje de lo que voy a decirles.
            Comenzaré realizando algunas objeciones al discurso de Aristófanes. Según sus palabras el Amor tendría su origen en el orgullo del hombre, castigado por la envidia de los dioses. Estos habrían colocado al hombre en una situación de impotencia a fin de tenerlo bajo su dominio. La atracción del hombre por la mujer y de la mujer por el hombre sería el fruto de este castigo divino.  –Así es- agregó Aristófanes. –Pues bien- le dije sonriendo, yo propongo demostrarles lo contrario. Pienso que el Amor no es un castigo divino, sino un regalo de Dios. Y no de un dios entre tantos sino del único Dios. Aquel del que se ha dicho: “Dios es Amor”[2]. Como puedes decir eso –interrumpió Sócrates- si recién asentiste al decir que el amor es carencia. Si ese Dios es perfecto no puede ser carencia. Muy buena observación –le repliqué- pero temo que estemos hablando de cosas distintas. ¿Recuerdas aquel diálogo que mantuviste con Fedro a propósito del discurso de Lisias acerca del amor?.
Sócrates: Sí, lo recuerdo perfectamente.
Fedro: Yo también lo recuerdo.
Agustinóstenes: Entonces recordarán aquel viaje que realizan las divinidades, donde contemplan la justicia en sí, la sabiduría en sí, y así todas las esencias.
Sócrates: Exactamente eso había dicho.
Agustinóstenes: Podrías decirme las características de esas esencias o Ideas.
Sócrates: Lamentablemente no está mi discípulo Platón, que es el verdadero “padre” de esa doctrina. Igualmente intentaré decirte las principales características de esas Ideas: son inmutables, perfectas y eternas.
Agustinóstenes: ¿Podríamos decir que la justicia que acaece en este mundo sensible está sujeta a cambio, es imperfecta, temporal y finita?
Sócrates: Sí
Agustinóstenes: En cambio, la Idea de justicia, la justicia en sí que contemplan los dioses en el mundo inteligible, es inmutable, perfecta y eterna.
Sócrates: Así es.
Agustinóstenes: Ahora veamos: el amor que existe en este mundo sensible está sujeto a cambio, es imperfecto, temporal y finito.
Sócrates: Por supuesto.
Agustinóstenes: ¿No crees acaso que la Idea de Amor, aquella de la que participa el amor del mundo sensible, es por lo tanto inmutable, perfecta y eterna?.
Sócrates: Sin lugar a dudas.
Agustinóstenes: ¿Y crees que esta Idea de Amor es carencia?.
Sócrates: No, jamás lo creería.
Agustinóstenes: De la misma manera el Dios del que te hablo es Amor, sin por eso ser carencia.
Fedro: Debo admitir que el método socrático es capaz de persuadir al mismo Sócrates.
Agustinóstenes: Continuaré con mi discurso. Para eso voy a leerles un fragmento de la Biblia:

“Y Dios creó al hombre a su imagen;
lo creó a imagen de Dios[3],
los creó varón y mujer.
Y los bendijo, diciéndoles:
sean fecundos, multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla...
Dios miró todo lo que había hecho,
y vio que era muy bueno”[4].

            Lo primero que resalta en oposición al discurso de Aristófanes es la inexistencia de un tercer sexo: “los creó varón y mujer”. Esa creación a imagen de Dios, es Su presencia en los hombres. Y si dijimos que “Dios es Amor”, nosotros participamos de ese Amor. Y no es un castigo divino porque “Dios miró todo lo que había hecho y vio que era muy bueno”. Para terminar de cerrar esta idea, voy a leerles otro fragmento de la Biblia:

“Luego, con la costilla que había sacado del hombre,
el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
El hombre exclamó:
¡Esta sí que es hueso de mis huesos
y carne de mi carne!...
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre
y se une a su mujer, y los dos llegan a ser
una sola carne”[5].

            Como se desprende de este pasaje, el amor entre el hombre y la mujer es querido por Dios. No es un castigo divino, sino una bendición. Según Aristófanes los andróginos eran un solo hombre con los dos sexos, hasta que Zeus los dividió en dos. Para mí, desde el principio hay dos sexos, varón y mujer, pero llegan a ser uno gracias al amor.
            Ahora comentaré algunos pasajes del discurso de Sócrates. Él dijo que “el camino derecho del amor, ya lo siga uno mismo, ya sea guiado por otro, es comenzar por las bellezas de aquí abajo y elevarse hasta la Belleza Suprema...”. Este fragmento me lleva a pensar en mi colega Leopoldias Marechálteles y su obra: Descenso y ascenso del alma por la belleza.
            Allí dice que los gestos del alma son los que le dicta su vocación natural, y este llamado no es otra cosa que la de poseer siempre lo bueno como bien dijo Sócrates. Posesión es sinónimo de reposo de la voluntad, ya que nadie sigue buscando aquello que ya tiene. Además ese bien debe ser concebido como Único, sino el alma iría de un lugar a otro por sentirse insatisfecha, por buscar un bien superior. Se deduce que ese Bien Único no es otro que Dios. Esta vocación del alma no es otra que su destino sobrenatural. Los errores humanos serían las respuestas equivocadas que da el hombre a la vocación de su destino.
            Equivocadamente el alma desciende. Desciende porque la hermosura de las cosas creadas la llama, y la llaman a cierta verdad y cierto bien. Sabemos que esa hermosura, esa verdad y esa bondad les fueron dadas por su Creador. Entre el bien relativo que ofrecen las criaturas y el bien absoluto (Dios) que busca el alma existe una desproporción infinita. Por amar la belleza de la criatura se aparta el hombre de la forma del Creador. Si la forma del hombre es la imagen y semejanza de su Creador, al apartarse del Creador (original) se aparta también de sí mismo (imagen). El amante trata de asemejarse al amado, y tiende a cambiar su forma por la forma del amado, en un abandono de sí mismo por el cual el amante se convierte al amado. Lo superior, por caridad, debe amar lo inferior, y a su vez, las “leyes celestiales” no permiten un “rebajamiento”, entonces ¿qué sucede?. El estilo amoroso de los superiores no consiste sólo en “amar” a los inferiores, sino en “hacerse amar” por ellos. La única forma de hacerse amar, es dándose a conocer. Ahora si el hombre ama las criaturas y reposa en ellas su voluntad no responde al llamado de su alma. Ese hombre se convierte en lo que ama. Como dijo San Agustín: “Si amas tierra, tierra eres; si cielo, cielo eres; si a Dios, Dios eres”. La criatura le ofrece un bien relativo, y al no “llenarse”, el alma sigue buscando otros bienes sin encontrar lo que quiere. Hay que entender que la criatura nos propone una meditación amorosa y no un amor, un comienzo y no un final del viaje. Así como Dios se hace amar por los hombres, el hombre debe hacer de puente para que la criatura retorne a la Unidad; debe ser, para las criaturas, un juez exacto y para eso debe conocerlas verdaderamente. La criatura le muestra al hombre la imagen de la divinidad, y si el hombre no lo ve no es por culpa de las criaturas sino de su intelecto imperfecto. El alma juzgante desciende a las criaturas y las interroga. Las criaturas le responden con la noción de un bien relativo, disperso, efímero y mortal. La desproporción con el Bien divino es inconmensurable. Al revelarnos esa desproporción infinita no hacen sino confirmar nuestra infinita sed. Las criaturas interrogadas amorosamente, nos revelan, no su secreto, sino nuestro secreto.
            Si no se conoce la desproporción amorosa entre las criaturas y su Creador, se sale de cada experiencia con una insatisfacción de sí mismo y con un desengaño de la criatura. Así el alma ve como la tierra va contestándole negativamente a cada reclamo de su amoroso destino. Entonces de convierte en juez de las cosas que lo poseyeron. Como el juez está inmóvil y no desciende a las cosas, ellas ascienden al juez para ser juzgadas. El juez interroga y la criatura responde. Juzga su vocación de amor, y el alma gira sobre sí misma para escucharlo mejor; y al girar sobre sí misma recobra su movimiento propio, el circular. Este llamado, como todo llamado, viene de un Llamador. Si su vocación es de amor infinito, bondad, hermosura, verdad y de un destino final, el Llamador será el Amor, el Bien, la Hermosura, La Verdad y el Fin, y estos atributos sólo corresponden a Dios. Entonces se encuentra a sí mismo, por la vía de la hermosura creada: se ha encontrado a sí mismo, como Amante. Y así es como ha encontrado en sí mismo, junto a la Hermosura Divina, el norte verdadero de su vocación amorosa y la verdadera figura del Amado.
            Hay una frase de mi santo tocayo que dice: “Interrogué a la tierra y me ha respondido: no soy tu Dios. Interrogué al mar, a sus abismos y a los seres animados que allí se mueven y todos me respondieron: no soy tu Dios, búscalo más arriba. Interrogué al cielo, al sol, a la luna y a las estrellas, y me afirmaron: no somos el Dios que buscas”. Esa es la respuesta de las criaturas, decirnos que ellas no son el bien absoluto. A su vez agregan “búscalo más arriba”, y se nos ofrecen como peldaños para llegar al Bien. Nos dicen “somos el llamado, pero no El que llama; somos bellas pero no somos la Belleza que nos creó bellas; somos veraces, pero no somos la Verdad que nos hizo verdaderas; somos buenas, pero no somos la Bondad que nos creó buenas”. Es decir, la criatura nos muestra la imagen del creador.
            El alma se mueve con un triple movimiento: circular, oblicuo y directo. “Por su movimiento circular el alma deja las cosas exteriores y vuelve sobre sí misma y concentra sus facultades intelectuales en las ideas de unidad: encerrada entonces como en un círculo, no es fácil que se extravíe. El oblicuo es movimiento del raciocinio y la deducción, y por él se ilustra el alma en la ciencia divina, no intuitivamente y en la unidad, sino en virtud de operaciones complejas y necesariamente múltiples. El movimiento es directo cuando se vuelve el alma a las cosas exteriores y las utiliza como símbolos compuestos y numerosos, a fin de remontarse, por ellos, a las ideas de unidad”.
J      Circular: El alma gira sobre su vocación, en torno de su anhelo de Bien absoluto.
J      Directo: El alma desciende a las cosas a fin de interrogarlas.
J      Oblicuo: El alma medita la respuesta de las criaturas y la refiere a su vocación.
Los tres movimientos no son separados, se conciben como un solo movimiento circular, directo y oblicuo a la vez. Este triple y único movimiento es el de la línea espiral.
En definitiva, todo amor equivale a una muerte; y no hay arte de amor que no sea un arte de morir. Lo que importa, en verdad, es lo que se pierde o se gana muriendo. Si como vimos anteriormente, posesión es sinónimo de reposo de la voluntad, es muy acertado decirle a Dios que “nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”[6]. Y como dijo Miguel De Unamuno nosotros tenemos un “apetito de eternidad”. También traigo a colación lo que dijo Sócrates: “hay que añadir al deseo de lo bueno el deseo de la inmortalidad; porque el amor consiste en desear que lo bueno nos pertenezca siempre”. Ese deseo de inmortalidad, apetito de eternidad, o como quieran llamarlo, está inscripto en el corazón de cada hombre. El amor es el puente entre lo mortal y lo inmortal, la muerte y la vida, lo efímero y lo eterno
Como dijo Sócrates, el amor es amor de algo, y de algo que falta. En nuestro caso es amor de Algo, y ese Algo es Dios. Y nos falta. Porque fuimos creados a Su imagen y semejanza, pero no somos dioses (tal había sido la promesa[7] de la serpiente).
            También quisiera exponerles mi teoría acerca de los 4 amores. Primero es importante aclarar que son verbos y no sustantivos o adjetivos. Esto indica, de por sí, el carácter activo del amor. Esta diferenciación la encontré estudiando griego, lengua que ustedes manejan con gran facilidad. Los 4 amores son:
Y    Erao: De aquí se deriva eros. Este verbo se emplea para describir al amor romántico y carnal, siempre en sentido sexual.
Y    Stergo: Este verbo indica el amor familiar, el cariño de la madre por su hijo,  del hijo por su padre, etc. Es ese amor que brota naturalmente de los lazos de parentesco.
Y    Fileo: Expresa el amor de amistad, el afecto cálido y tierno que se siente entre dos amigos. Nosotros, en castellano, lo traducimos por “querer”.
Y    Agapao: De aquí se deriva ágape. Se lo utiliza para el amor de caridad, de benevolencia, de buena voluntad; el amor capaz de dar sin esperar nada a cambio. Es el amor totalmente desinteresado.

Estaba por hablar de la relación entre el arte y el amor, la mujer como musa inspiradora y el petrarquismo, cuando un fuerte ¡ring! sonó en sus oídos (difícilmente hubiese sonado en otra parte de su cuerpo). Su reloj despertador marcaba las siete en punto y el sol ya había asomado por su ventana. El Banquete había terminado, y aunque las copas bebidas fueron ficticias se despertó ebrio de conocimiento y borracho de amor.


[1] Cuore, Agustín; Pensa-miento, Buenos Aires, Inédito, 2000.
[2] 1 Jn 4, 8.
[3] Imago Dei.
[4] Gn 1, 27-31.
[5] Gn 2, 22-24.
[6] San Agustín, Confesiones, Libro I, capítulo I.
[7] “Seréis como dioses” (Gn 3, 5)

sábado, 18 de agosto de 2012

Apuntes sobre la Libertad X


Uno no siempre hace lo que quiere pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere” decía M. Benedetti. Y quizás aquí se juegue el concepto de libertad. Tironeado, tensado, por los innumerables condicionamientos socio-histórico-culturales y las tendencias genético-somáticas, se encuentra el ser humano. Y hace lo que puede, dentro de lo que quiere. Nuestra libertad, digámoslo de una vez, es (muy) limitada. Pero los límites, los bordes, a su vez, son condición de posibilidad. Estamos condicionados pero no determinados; el margen sigue siendo un lugar donde continuar escribiendo.
Cada elección es una renuncia y cada renuncia es una elección. Estamos condenados a ser libres, dijo Jean Paul. No soy libre de elegir ser libre, pero tampoco de renunciar a ello. Y agrego algunas frases tan existenciales como apócrifas: “apostemos por la libertad”, diría Blas, ya que “el que no arriesga no gana”, completaría Sören.
Creo que todos buscamos lo mismo, no sabemos muy bien qué es ni dónde está”, canta Calamaro. La libertad, desde mi humilde punto de vista, es un constitutivo humano, no es un plus. Pero arriesgo algo más: lo constituye por ausencia. El hombre es libre porque no es perfecto. Y lo que motoriza su libertad es el deseo. Deseo de ser feliz, de ser más plenamente hombre, deseo de…
Dice Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía?. Para eso sirve: para caminar”. Lo mismo ocurre con el deseo. No sabemos si alcanzaremos lo deseado. Entonces, ¿para qué sirve el deseo?. Para eso sirve: para ejercer la libertad.
El deseo me lleva a elegir y renunciar. Cada elección-renuncia me constituye. Yo soy mis elecciones y renuncias. Y cada elección-renuncia, por revocable que sea, es en realidad definitiva. Soy lo que elegí-renuncié, elijo-renuncio y elegiré-renunciaré. Toda elección-renuncia nos compromete, aunque no lo queramos-sepamos... Hay que ser (muy) libre para optar para siempre.
Creo.

domingo, 22 de julio de 2012

Apuntes sobre la Libertad IX


            “Mi libertad termina donde empieza la de los demás”. Frase repetida preocupantemente hasta el hartazgo. Es la expresión más acabada del liberalismo. Propiedad privada y libertad de mercado. Es avalar la existencia de esa ficción llamada individuo, como si pudiésemos ser islas incomunicadas. Gran invento que derribo, o al menos eso creo, en mi “Esbozo para una Antropología InExistencial”.
Vivimos en un mundo escandalosamente inequitativo, injusto y desigual. El neoliberalismo, está harto demostrado, es un sistema de acumulación y concentración de la riqueza, a la vez que genera desigualdad y expulsión. Son cada vez menos los que tienen más, y cada vez más, mientras que son cada vez más los que tienen menos, y cada vez menos.  Esta desigualdad de oportunidades impacta fuertemente en el sentido de la libertad en la sociedad actual. Y como sucede en “Minority Report”, maravillosamente traducida como “Sentencia previa”, ya sabemos de antemano quienes serán los condenados.
La frase que encabeza este apartado debiera cambiarse, o al menos eso propongo, por otra que diga: “mi libertad solamente tiene sentido, solamente es libertad, solamente comienza cuando empieza también la libertad del otro”. Es una de las grandes enseñanzas que nos dejó Paulo Freire: nunca seremos libres solos y sólo seremos libres juntos. Mi libertad se potencia en la medida en que el otro también es más libre. No somos islas. Somos seres sociales, de convivencia. Nadie es sin los otros y, menos, libre de los otros. Todos estamos llamados a ser libres para los otros y con los otros. Como dijo el Che Guevara: “solamente seré verdaderamente libre cuando el último hombre haya conquistado también su libertad”.

sábado, 28 de abril de 2012

Apuntes sobre la Libertad VIII


            A la Libertad y los Medios de Comunicación, le incorporamos el tema de la Realidad. Para eso recurriremos a la tantas veces nombrada “Matrix”. Y qué mejor manera de empezar, que dejar hablar:
Morfeo: …Supongo que ahora te sentirás un poco como Alicia, cayendo por la madriguera del conejo.
Neo: Se podría decir que sí.
M: Puedo verlo en tus ojos. Tienes la mirada de un hombre que acepta lo que ve porque espera despertarse. Irónicamente, no dista mucho de la realidad. ¿Crees en el destino, Neo?
N: No.
M: ¿Por qué no?
N: No me gusta la idea de no ser yo el que controle mi vida.
M: Sé exactamente a lo que te refieres. Te explicaré porqué estás aquí. Estás porque sabes algo. Aunque lo que sabes no lo puedes explicar. Pero lo percibes. Ha sido así durante toda tu vida. Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es, pero ahí está, como una astilla clavada en tu mente y te está enloqueciendo. Esa sensación te ha traído hasta mí. ¿Sabes de lo que estoy hablando?
N: ¿De Matrix?
M: ¿Te gustaría saber lo que es?. Matrix nos rodea. Está por todas partes, incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirla, cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.
N: ¿Qué verdad?
M: Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio, naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia.  Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme…
Y luego de recurrir a la genialidad cartesiana, aunque tal vez no tan original, sobre la imposibilidad de distinguir con certeza vigilia de sueño, Morfeo agrega: “¿Qué es real?. ¿De qué modo definirías real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, entonces el término "real" son señales eléctricas interpretadas por tu cerebro. Este es el mundo que tú conoces. El mundo tal y como era a finales del siglo veinte. Ahora sólo existe como parte de una simulación interactiva neural que llamamos Matrix. Has vivido en un mundo imaginario, Neo. Este es el mundo como es, en la actualidad. Bienvenido al desierto de lo real…”.
El mundo que habitamos se nos presenta, y lo aceptamos tal como lo percibimos. Deseamos ser libres, actuamos como si lo fuéramos, más allá de no tener la certeza teórica o, más aún, de creer en el Destino.
¿Acaso nos es imposible acceder a lo real?. ¿Somos esclavos sin saberlo?. ¿En qué momento irrumpe en nuestras vidas la posibilidad patente, la oportunidad decisiva, de elegir la pastilla deseada?. ¿Qué elegiremos?. ¿Elegiremos?.
Y ya estamos entrando a salir. Y todo vuelve, una vez más. Neo se encuentra con la Pitonisa, y luego de preguntarle si es el Oráculo, se produce el siguiente diálogo:
PITONISA: Te diría que te sentaras, pero de todos modos no aceptarás. Y no te preocupes por el jarrón.
Neo: ¿Qué jarrón?
P: Ese jarrón.
N: (se da vuelta, golpea el jarrón, cae y se rompe). Lo siento.
P: Te he dicho que no te preocuparas. Le diré a uno de mis chicos que lo arregle.
N: ¿Cómo lo sabía?
P: Ohhh... lo que de verdad te preocupará más tarde es: ¿lo habrías roto si yo no te hubiese dicho nada?.
            En principio, podríamos decir que Neo estaba destinado a romper ese jarrón y la pitonisa sólo profetizó aquello que ella ya sabía que iba a suceder. Pero tal vez, y sólo tal vez, estemos en presencia de lo que en ciencias sociales se llama profecía autorrealizadora o autocumplida. La premonición expresada termina generando, produciendo, lo que de otra manera tal vez no hubiese sucedido. En ese caso hay un convencimiento de fondo: el destino se escribe a cada paso y nosotros somos cómplices, colaboradores, muchas veces involuntarios, y otras cuantas veces decididamente responsables.

jueves, 22 de marzo de 2012

Apuntes sobre la Libertad VII


Para profundizar en este entrecruzamiento entre Libertad y Medios de Comunicación, realizaremos una breve digresión para comentar “The Truman Show”.
            Como bien se observa a lo largo de la película, Truman (jugando con las palabras “hombre” y “verdad”) vive una vida que parece estar manejada desde afuera. Su vida se dice desde otro lado; es un discurso escrito por otro. En este caso podemos llamarlo, entre muchos nombres, como medios masivos de comunicación y podríamos simbolizarlo en Cristof, el director.
Frente a la dicotomía existente entre la vida de Truman  y la de los televidentes, podemos plantearnos la siguiente pregunta: los medios masivos de comunicación ¿reflejan la realidad o la construyen?. Se puede decir que un noticiero refleja la realidad. Sin embargo, no muestra toda la realidad. Se elige qué mostrar y qué no. Hay intereses detrás. Adorno dice que la televisión introduce un duplicado del mundo para reemplazar al real, de tal manera “que no es posible advertir que el mundo que reflejan no es el mundo”.
Los medios de comunicación de masas se han convertido en componentes de una explosión y multiplicación generalizada de Weltanschuangen, de visiones del mundo ya no sólo referidas a las distintas culturas del planeta, sino también a las múltiples subculturas dentro de una misma cultura.
La desaparición de la frontera entre realidad y ficción llega a ser un hecho habitual en los informativos de televisión, y el advenimiento de la realidad virtual (curioso oxímoron posmoderno) y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación acabarán disolviendo las pocas distinciones que se mantienen entre hecho y ficción. Así, no sólo es innegable que hay múltiples visiones del mundo, sino también que ninguna se basa en un acceso privilegiado a la realidad (sea lo que fuere lo que signifique realidad). La intensificación de las posibilidades de información sobre la realidad en sus más diversos aspectos vuelve cada vez menos concebible la idea misma de una realidad. Quizá se cumple en el mundo de los mass media una profecía de Nietzsche: el mundo verdadero, al final, se convierte en fábula. Y es que, como decía este pensador alemán, no existen hechos, sólo interpretaciones. Y toda interpretación interpreta otra interpretación.
Releyendo los párrafos anteriores surge inmediatamente otra pregunta: las personas ¿reflejan la realidad de los medios o construyen su propia realidad?. Todo lo que puedan hacer los medios depende de los receptores, se dice. Como afirma John Milton (Al Pacino) en “El Abogado del Diablo”: “Yo no manejo marionetas, sólo armo el escenario”. El resto es puro libre albedrío, concluye. Lo mismo sucede con los medios masivos de comunicación. Arman, constituyen un escenario, como lo es la misma Seahaven (juega con “mar” y “cielo”). Cristof no maneja a Truman como si fuese una marioneta. Truman es libre de decidir qué realidad quiere vivir, más allá de los condicionamientos propios de la finitud humana (lugar de nacimiento, lengua materna, familia, etc.). El Director lo sabe y por eso dice: “Truman puede irse cuando quiera si tuviera algo más que una vaga ambición. Si estuviera decidido a saber la verdad no podríamos impedírselo de ningún modo”. Incluso hay muchas señales que van desocultando la verdad (aletheia), sea lo que fuere lo que llamamos verdad. Un farol cae del cielo, mira para arriba y sigue su vida como si nada, aunque a esto colabora la lógica explicación que escucha en la radio. Estando en la playa llueve en una franja sola: es una nube que lo sigue solamente a él. Cuando quiere alcanzar al padre reaparecido, se lo llevan, lo cruzan de cualquier forma e intentan por todos los medios posibles impedir que se encuentren. Silvia, antes de que se la lleven, le revela todo. Sin embargo, recién comienza a sospechar cuando escucha por su radio que lo están siguiendo. Descubre el estudio detrás del ascensor, cómo los autos frenan para no atropellarlo, y así.
Ahora profundicemos un poco más en la influencia del entorno social sobre Truman. Marx decía que “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”. ¿Qué sucede con Truman?. Evidentemente su ser está siendo determinado por el ser social. Él está siendo dicho desde otro lado.Y lo mismo podemos decir de todos los actores que participan del show.
Comparemos a Truman con nosotros. Truman, a lo largo de la película,  está extrañado, alienado... ¿y nosotros?. Él tenía el mismo poder de decisión, la misma libertad que ahora nosotros. Él no eligió dónde nacer, nosotros tampoco. Él no eligió su familia, nosotros tampoco. A su esposa le dijeron que lo sedujera, pero él terminó aceptando. Su amigo actuaba de amigo, pero él lo consideraba tal y por eso le contaba todo. Ninguno de nosotros está exento de que le suceda algo similar. Él podría haberse ido antes, pero no estaba preparado. Señales tuvo. Siempre fue libre. ¿Qué nos diferencia de él?, ¿que no nos filman?.
En ningún lado leemos “El Gran Hermano te vigila” pero, ¿quién dijo que no nos filman?. Tal vez estamos siendo filmados sin darnos cuenta (de hecho nos habrá pasado más de una vez). Al fin y al cabo a Truman le sucedía eso mismo. Igualmente si uno no lo sabe actúa como si no lo filmasen y, por lo tanto, no cambia sus conductas. Entonces, nos volvemos a preguntar: ¿qué nos diferencia de Truman?. Tal vez nada. Y eso es lo peor. Cuando Truman quiere salir a explorar, como Magallanes, le dicen: “Llegas tarde, todo ha sido descubierto”. Cuántas veces a nosotros nos dicen algo similar: “Llegas tarde, ya han pensado por ti, ya han decidido por ti”. Nos desaniman. Y quizás es porque estamos tan alienados como él. Después de Bentham y el panóptico, Foucault y la sociedad disciplinaria, Deleuze y la sociedad de control, no podemos seguir pensando ingenuamente igual.
En el Talk-Truman, el periodista le pregunta a Cristof: “¿Por qué creé que Truman nunca llegó a descubrir hasta hoy la verdadera naturaleza del espectáculo?”. El Director le contesta: “aceptamos la realidad del mundo que nos presentan, eso es todo”. Nosotros también aceptamos la “realidad” del mundo que nos presentan; en palabras de Heidegger: vivimos en estado interpretado. Ese aceptar la realidad del mundo que se nos presenta, muchas veces pasa por naturalizar la cultura. No siempre somos conscientes o explicitamos de alguna manera que vivimos en un mundo que nos precede. Tenemos que saber que nunca conocemos la cosa tal cual es fuera de los discursos que hablan acerca de ella y, de alguna manera, la crean o la construyen. Y nuestra imagen de la realidad depende en buena medida de la confirmación o no-confirmación que aporta a nuestra percepción el testimonio del otro. Preferimos confirmar la opinión establecida, antes de que nos vean como un loco o, de mínima, alguien diferente. Posiblemente también nosotros estemos necesitando luchar contra viento y marea, y salir por esa puerta oscura que conduce a la “realidad”, más allá de que no veamos nada todavía.
Muchas veces en nuestra cotidianeidad absolutizamos la analogía, el juicio provisional o la mímesis y no somos nosotros mismos, estamos alienados, extrañados. La rutina, como a Truman, también nos aliena. Frente a esto debemos gritar con Truman: “auxilio, estoy siendo espontáneo”. Heidegger advierte que el hombre es el ser emplazado ante la alternativa auntenticidad-inautenticidad; la posibilidad de llegar a ser él mismo constituye la tarea y la hazaña del existente humano.
Optemos por ser el “sí mismo” heideggeriano y no el “man”. Si el otro, por ejemplo la televisión, me constituye, estoy en estado interpretado. Actúo como el uno, como todos y como ninguno a la vez. Me hace falta realizar una hermenéutica ontológica existencial de mi vida. Como hace Truman: desde su futuro, interpreta su pasado y se juega en su presente. Su futuro es estar en la “realidad” junto a Silvia, su amor. Interpreta su pasado, lo vivido junto a ella, la “mentira” en la que estuvo viviendo. Se juega en su presente: sale en busca de Silvia. Esto lo lleva a un estado interpretante, a ser sí mismo y decidir su propio destino; es por eso que logra liberarse.
Toda liberación no puede ni debe ser comprendida como un desatarse de algo que nos aliena y domina, sino más bien como un encontrar aquello que nos pueda librar a nuestro propio destino. Heidegger mostrará cómo la pragmática cotidiana, entendida como hermenéutica existencial, es la que realiza más originariamente la estructura de inteligibilidad que da cuenta del sentido del ser. Aquí se da un protagonismo donde se juega tanto la alienación como la liberación semántica del ser en el mundo.
Para ir cerrando este apartado realicemos una breve comparación con uno de los más conocidos mitos griegos. Ulises se hizo atar al mástil de su navío, por consejo de Circe, para no dejarse llevar por el canto de las sirenas. De la misma manera Truman se ata al mástil de su bote para no dejarse llevar por su fobia al agua. El miedo serían las sirenas. No quiere escuchar a ese temor que le dice: “aléjate del agua, vuelve a tu rutina y vive tranquilo”. Entonces se sujeta al bote. Se hace sujeto de la situación. Se hace cargo de toda su vida (pasado, presente y futuro) y decide libremente ser sí mismo.
En el final, antes de salir por la puerta, Truman dice: “En caso de que no los vea: ¡Buenos Días, Buenas Tardes, y Buenas Noches!”. El mismo saludo rutinario que no lo dejaba ver la “realidad” es su despedida hacia lo “real”. Sólo salimos de la rutina cuando somos conscientes de que vivimos en la rutina. Por eso esa despedida irónica.
Por eso, también, comienza a ser espontáneo cuando, estando en el auto en la puerta de su casa, descubre la rutina de los actores y predice quién pasará primero, quién luego y cuál después (algo así como los prisioneros en la caverna platónica que jugaban a predecir en qué orden se sucedían las imágenes). Sucede que comprender, quizás, no sea otra cosa que el carácter óntico original de la vida humana misma. Cuando uno comprende que está alienado, en ese instante se libera. Comprender es ser sí mismo. Exigirá esfuerzo pero vale la pena.

jueves, 8 de marzo de 2012

Apuntes sobre la Libertad VI


En la antigüedad, cuando uno quería saber qué es lo que iba a suceder en tal o cual situación no tenía más que dirigirse a un lugar sagrado donde los dioses le respondían sus preguntas a través de sus intérpretes (sacerdotes y pitonisas). En Grecia se la llamaba manteia, siendo conocido entre los romanos por oracula.
Veamos de qué manera funcionaba el oráculo. La pitonisa inspirada se sentaba en un asiento de tres pies en una estancia subterránea llamada áditon, donde aspiraba los vapores de la profecía. En ese instante, el dios hablaba a través de ella y respondía las consultas oraculares. La explicación científica que se pretende para éste y otros oráculos similares, es que la mujer entraba en trance gracias a los vapores de azufre, y elevaba su mente a la subconciencia. Para otros era simplemente un subterfugio azaroso. La primera explicación es para tener en cuenta, pues desde Herodoto a Plutarco se habla de entusiasmo. Alguien entusiasmado, etimológicamente, es alguien atravesado por el dios. Tiene relación con lo que los griegos también llamaban manía. Uno pierde su identidad, pierde los límites y deja de ser uno mismo, para ser, en este caso, el instrumento de un dios.
Una de las características de los oráculos es la ambigüedad. Traigamos el ejemplo de Creso, rey de Lidia. Planeaba una guerra contra el reino de Persia. Como era un hombre prudente, no quería arriesgarse a emprender una guerra sin tener la seguridad de ganarla. Al consultar al oráculo de Delfos sobre la cuestión, recibió la siguiente respuesta: Si Creso emprende la guerra contra Persia, destruirá un reino poderoso. Contento con la predicción, de la cual infirió la destrucción de los persas, inició la guerra. En poco tiempo fue derrotado por Ciro, el rey persa. Tan rápido como pudo se fue a quejar a los sacerdotes de Delfos, quienes le contestaron que la predicción fue correcta: Al emprender la guerra, Creso destruyó un poderoso reino, ¡el suyo!.
Esto podríamos relacionarlo con  otro personaje mítico, y a la vez trágico, de los griegos: Prometeo. Mítico porque podemos encontrarlo ya en Hesíodo, y trágico por su aparición en la obra de Esquilo, Los tres Prometeos (de la cual sólo nos queda El Prometeo encadenado). El punto de contacto sería el robo del Fuego Olímpico. Prometeo no hurtó todo el fuego divino sino sólo una chispa, un pedazo de carbón. El fuego podría simbolizar el conocimiento, la sabiduría. Prometeo no le dio a los hombres la sabiduría divina sino sólo una chispa de ésta. El hombre tiene el deseo de conocer pero jamás podrá saberlo todo (algo así como Sísifo empujando la piedra y bajando a buscarla en un eterno retorno). Una de las diferencias que hará Píndaro entre dioses y hombres es la siguiente: el hombre no conoce su destino y los dioses sí. Los animales tampoco conocen su destino pero no les interesa saberlo. En cambio, el hombre, tiene esa chispa de fuego divino, tiene ese conocimiento parcial y limitado que dista bastante de la sabiduría divina. El oráculo, más que una ayuda a los hombres, es otra prueba más de la abismal distancia entre la raza divina y la humana.
Para ver otro aspecto de los oráculos, recordemos este conocido ejemplo de la tragedia griega: Edipo rey. Layo y Yocasta eran los padres de Edipo. El oráculo le había dicho a Layo que cualquier hijo que tuviera con Yocasta sería su asesino. Por esta razón quiso deshacerse de Edipo. Hay dos versiones al respecto, pero no vienen al caso. Lo cierto es que Edipo terminó en Corinto como hijo adoptivo de los reyes. Un día, Edipo, fue a consultar al oráculo su futuro, y éste le contestó: ¡Matarás a tu padre y te casarás con tu madre!. Creyendo que se refería a los reyes de Corinto, se decidió a huir. En el viaje se cruzó a Layo (su verdadero padre, aunque Edipo no lo sabía) y, luego de una disputa, lo mató. Luego venció a la Esfinge, fue proclamado rey de Tebas y se casó con la reina Yocasta (su verdadera madre, aunque Edipo no lo sabía).
Hasta aquí la historia griega, o al  menos el fragmento que nos interesaba. Si uno consulta al oráculo es porque cree que lo que dice es verdad. Si el oráculo le dijo a Layo que su hijo lo mataría, por más que se deshiciera de su hijo, éste lo iba a matar. Ahora, si no estaba del todo convencido, ¿para qué se deshizo de su hijo?. La profecía oracular no era “si tu hijo sigue contigo te matará”, sino, “cualquier hijo que tengas te matará”. Algo similar le sucede al propio Edipo. El oráculo le dice que matará a su padre y se casará con su madre. Por más que huya, la predicción iba a cumplirse. Al parecer, estos personajes creen en el oráculo, pero a la vez descreen. Primero le creen, luego intentan evitar el destino, y en ese mismo instante están descreyendo, ya que piensan que de esa manera no se cumplirá lo que el oráculo predijo.
En este mundo posposmoderno, por decirlo de alguna manera, creemos en los neooráculos, a los que solemos denominar como medios masivos de comunicación. Desde el tiempo hasta la seguridad, pasando por el tránsito y las mejores películas para ver el fin de semana, los mass media hace gala de sus mensajes ambiguos, pero claramente intencionados e interesados, en los que creemos o descreemos a la vez. ¿O acaso sacar el paraguas de paseo ante el mísero 30 % de probabilidades de precipitaciones no es exactamente eso?.
Todo lo que digamos ya está mediado por los medios masivos de comunicación. En la actualidad, ellos son el horizonte de comprensión desde dónde percibimos y analizamos todo y, es más, desde donde existimos. En los medios masivos se constituye el sentido del ser actual. Por esta razón, posiblemente, sea tan fuerte el impacto que tienen los medios en la realidad (sea lo que fuere lo que llamamos realidad). Operan en lo más originario, en la pragmática. Sucede que el mundo tiene sentido por el hombre pero el hombre está abierto al mundo antes que a sí mismo y, por lo tanto, siempre está comprendiéndose por él en una codeterminación mutua originaria. Existimos, comprendemos y somos desde los medios masivos de comunicación.

domingo, 26 de febrero de 2012

Apuntes sobre la Libertad V


Estoy convencido que pensar es pensar con otros, compartir perplejidades. O al menos
creo que estoy convencido de eso. Y este escrito no busca ser otra cosa que eso.
¿Libertad o destino?. Si somos libres, jamás podremos saber con certeza qué nos deparará el futuro. Si estamos predestinados, podemos conocer ese destino o no. Y este último caso, a saber, estar predestinados pero sin conocer nuestro destino, puede llevarnos a tener una falsa ilusión de libertad.
Borges diría que “no saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada”. Aunque también agrega, en “Para una versión del I Ching”, lo siguiente:
El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
Nada nos dice adiós. Nada nos deja.
No te rindas. La cárcel es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber un descuido, una hendidura,
el camino es fatal como la flecha
pero en las grietas está Dios que acecha.